A 40 años del Terrorismo de Estado en Mendoza

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Por Sara Gutiérrez Zahzu*

Cumplidos 40 años de la dictadura en Mendoza son muchos los caminos transitados y resistidos para conocer algo de verdad,  saber sobre lo que le ocurrió a tantas mujeres, varones, niñxs, que no están, ni estarán caminando entre nosotrxs; situación que resulta paradójica… en realidad nunca dejaron de estar, pues siguen estando por su ausencia.

Estas ausencias  que se imponen cada año, para los marzos que se han ido sucediendo a través de cuatro décadas. Muchos marzos, infinitos marzos.

Esas ausencias van apareciendo a través de miles de acontecimientos que se van sucediendo casi sin esperarlos, casi sin querer.

Hoy están los juicios en Mendoza, se habla en plural, es cierto, han sido ya varios que se han llevado a cabo y finalizado, con condenas ejemplares y necesarias para reparar alguito de lo sufrido. Es posible la reconstrucción a partir de los valientes testimonios de cientos de voces que se fueron plegando para dar a conocer lo necesario: la verdad, aunque ésta nunca sea completa, deja ese vacío necesario para seguir buscándola.

Tantas memorias acercándose y poniendo sus registros para hablar por las ausencias, por aquellas voces que vienen a ser rescatadas en esa puesta en acto que el testimonio impone. Aquello de lo cual tantas familias han padecido: la desaparición forzada, la cárcel, la apropiación de niñxs, el robo, la impotencia, la burla, y son tantos etcéteras que casi no alcanzarían las páginas para darlo a conocer.

Miles de historias se han escuchado en esas audiencias que finalmente se llevaron a cabo, observando en la sala de debate, entre los hombres oscuros, a señores de corbata, dueños en aquellos tiempos del poder de los tribunales federales. Algo impensado, por lo que durante años se reclamó.

Por otro lado, la convivencia cotidiana de las familias, ex presxs, exiliados o de jóvenes a los cuales se les robó la vida en el seno familiar, transitan esperanzados parte de sus días en los tribunales, sitio vedados años atrás.

Esos actos cotidianos, de escuchas silenciosas, de cuerpos dolidos, de esperas interminables, de manos que se aprietan, de pañuelos que se prestan, hacen de esa rutina una ceremonia interminable a los lugares donde la historia por años se escondió, acurrucada por las manos que la acallaban.

Y tanto se le ganó a la historia, que por ello otro espacio se tomó, donde hoy se camina entre reuniones, visitas y proyectos: el Espacio por la Memoria, lugar siniestro, ex centro clandestino de detención, el Ex D2, por ahí pasaron casi todxs… ahora es un lugar de los Organismos de DDHH de Mendoza.

Se ve a lxs ex presxs caminar por allí, hablar, discutir y parece que así la historia hizo su trabajo, acompañado de aquello que jamás se permitió: abandonar la lucha, abandonar a lxs nuestrxs, estén vivos o en ausencia.

Sumado a estas cotidianidades, otro maravilloso acontecimiento ocurrió en Mendoza. Llegando casi con la primavera, la nieta 117 recupera su verdadera identidad, aquella que los hombres malos le arrebataron a su madre al nacer en la clandestinidad; y es de aquí, es de la María, la hermosa madre de la plaza, la que hace 40 años camina, ya con sus rodillas cansadas por las calles mendocinas buscando y buscando. Y a partir de allí el festejo fue doble porque también está Angelita, su otra abuela. Claudia llegó con sus dos abuelas vivas y entonces la alegría fue más grande todavía.

Y así llegamos a estos 40 años, con un poquito de verdad, de memoria y de la tan ansiada justicia, que camina tan lento como la tortuga Manuelita, pero camina.


*La autora es miembro del equipo de acompañamiento de testigos en los juicios por delitos de lesa humanidad.