Una más del Víctor Legrotaglie, y van…

Víctor Legrotaglie y su hijo cocó

El Víctor y su hijo Cocó

Por Marcelo Padilla

Cosa e mandinga. Tal vez una metáfora del Víctor, de su vida y su obra: la de pensar con los pies como titula Galeano en un texto de su libro “El fútbol a sol y sombra”. Costó coordinar esa entrevista: una, dos, tres veces dijo sí, pero el Víctor no fue a las dos primeras -porque no pudo o no quiso…vaya uno a saber-. Mendoza, a mi juicio, necesitaba esa entrevista, porque si bien el Víctor dio miles, una así, cara a cara durante una hora, en tono intimista, no recuerdo haber visto. Y yo quería una en mi vida con él. Un día sí pudo y fue, en la tercera. Cayó al canal a lo Víctor: con un traje plateado por la luna de la noche anterior, con un dolor marcado en su brazo derecho, -unas noches antes, en un picadito había caído en una jugada guapeada y se apoyó mal en el piso con la mano-. Le dolía y mucho, y se la aguantó durante el programa. ¿Cuántas patadas y codazos habrá aguantado el Víctor en su vida? ¿Y golpes? ¡La puta!…miles. De todos modos uno de los golpes fue el peor golpe de su vida. Y viene a cuento con esta crónica.

Los tamangos le brillaban negros azabache, de arrabal, esa mañana. Sus ojos también: un dejo de tristeza, de alegría por la vida que sigue y sigue, contentura por sus nietos….vaya uno a saber. Pero el Víctor fue. En el canal estaba todo preparado como si fuésemos a recibir a un príncipe pobre. Estábamos esperándolo para escuchar sus andanzas con los compinches de la gleba, en noches largas y marchitas, o en mañanas de mate con su esposa, reposados frente al primer sol. Las cosas que no fueron para los demás, pero que sí fueron para el Víctor, porque él las inventaba si no existían. En el Víctor no hay batallas perdidas, solo batallas a jugar, día a día. Tal como le pasaba en la cancha con las hinchadas contrarias, todos de pie, aplaudiéndolo a morir, rendidos ante el hechizo de un conquistador de almas irredentas. La noche de barecas en Buenos Aires antes de jugar contra San Lorenzo… uff, al otro día les clavaron cinco a cero. Como todo se supo, y salió en los diarios de la época, la hinchada de San Lorenzo les gritaba: “borraaaachos/borraaaachos”. Fueron 6 o 7 los que se fueron de mambo aquella noche y salieron a jugar igual. Como se hacía en esos tiempos. Pero el Víctor y sus borrachos tuvieron revancha cuando les tocó volver a la cancha de San Lorenzo. Bailaron a los cuervos y le ganaron al ciclón, con el Lobo del Parque; su cuna y, tal vez, su cementerio.

Contó eso en la entrevista. Contó que en el estudio de televisión estaba presente su hijo Cocó, el chiquitín que se le murió y dejó al Víctor partido en cuatro. Él siempre cree que su hijo lo acompaña a todos lados. Y así la lleva. En fin, la cuestión es que estábamos sentados frente a frente en el estudio del Canal Acequia, en plena grabación. El Víctor por momentos se paraba en el estudio y explicaba cómo le pegaba a la pelota con el empeine, o cómo la pisaba para mirar el campo en 360 durante un partido chivo, o cómo bailaba cumbia en una joda. No era solo palabra tras palabra la entrevista, era cuerpo que hablaba, y pies que pensaban. Los asados en Las Heras con sus vecinos, la vez que fue técnico de Huracán La Heras y se metió a la cancha para frenar un gol del contrario y lo expulsaron por años.

El Víctor y su obra. La posibilidad de ir… ¡¡¡¡al Real Madrid!!!! La oferta y su negativa que explicó en la entrevista: “pero si yo tenía todo Marcelo acá, mi viejita (así le dice a su esposa) que me acompañaba en todo, mis amigos, la gente que me quería, y plata, tenía mucha plata, ¿para qué me iba a ir al Real Madrid?…noooo, acá yo era feliz”, afirmaba con convicción sobre aquella decisión histórica que hoy nadie se animaría a tomar. Otros tiempos.

Teníamos una de cuero en el estudio. La idea era charlar con la pelota pisada. Por momentos la pisaba él y se la pasaba de un pie a otro mientras contaba sus andanzas; por otros me la pasaba y yo la pisaba nervioso, y se la devolvía con vergüenza. Hablábamos con la pelota pisada con los pies en plena entrevista. En un momento no aguanté más, me paré del sillón y me senté frente a él, pegado al suyo, sobre la pelota de cuero. “Víctor, me quiero acercar más, me siento en el fútbol y te miro y escucho, estábamos lejos así, sigamos” (todo eso en plena grabación).

El Víctor lo tomó bien, porque el maestro de todos los tiempos se toma bien cualquier cosa. Para mí fue una forma de homenajearlo, mirándolo de abajo, porque de igual a igual me daba… repito, vergüenza. Hizo payanas –sentado-, habló hasta por los codos, contó su relación con Menem y con Nicolino Loche, y con otros tantos que lo veneraban o acompañaban en las noches victorianas.

El Víctor fue a la entrevista. La hicimos pregrabada un martes a la mañana para que saliera por el Canal Acequia el próximo viernes por la noche a las 22 en el programa La Pregunta en el desierto. Pero las cosas se dieron, cómo decirlo… de una manera maldita. Cosa e mandinga. Cuando la estaban editando un par de días antes de salir al aire algo pasó, no la encontraban, en la máquina no estaba, algún error o descuido técnico hizo que la entrevista se borrara. Cuestiones que pasan. Cosa e mandinga. Lo tuvimos ahí una hora entera sin desperdicios. Y no la pudieron ver los mendocinos, ni él, ni su familia.

La entrevista se perdió y quedó en estado fata morgana, como un espejismo. Tocata y fuga al cielo. El no al Real Madrid, la goleada a Boca en la bombonera, las locuras del Víctor, nuestro Maradona en los 70. Werner Herzog se hubiera mutilado las manos con lo que pasó. Yo puteaba en mi casa solo y le pegaba trompadas a la pared. Cosa e mandinga. La entrevista que se hizo y no fue, el Víctor que se hizo y no fue. Sí, todo queda guardado en la memoria, pero esa vez no fue en la memoria de la máquina del canal porque se perdió. Quedó un vacío.

Fue a fines de diciembre de 2015, el calor hacía arder la ciudad, fata morgana, como un espejismo. La entrevista fue un espejismo. Y ya fue. Lo traigo al Víctor en esta crónica porque el Víctor fue al canal en la tercera es la vencida. Y sí, fue vencida la tercera. A veces pienso que en algún lugar estará, o que tal vez se la llevó al cielo su hijito Cocó, porque el Víctor aseguraba que estaba ahí, en el estudio, dando vueltas y acompañándolo. Yo me quedo con eso, que se la llevo el cocó Legrotaglie para verla con los pibes en cualquier potrero, y decirles a otros guachines con los que se junta: “éste es mi viejo”.

Entonces no fue técnico ni distracción ni error la desaparición de la entrevista. Fue Magia. Estoy convencido que el Víctor hizo ese pacto con su hijo y no dijo nada. Otra más del maestro que tenía en la galera.