Más allá del (ítem) aula

Algunas cosas importantes se nublan con la ebullición provocada por el decreto que apunta a recortar licencias y derechos adquiridos por los trabajadores de la educación. No todo son medidas de fuerza para decir no al ítem aula. También hay docentes de jóvenes y adultos, de comunidades postergadas, que resisten el intento oficial de eliminar una modalidad y programas que hacen de la educación algo más que un mero elemento de formación.

8e75c704-c256-4b90-b3ca-7d3c28aa9878

Muchos docentes trabajan los sábados y algunos cronistas de ZEPA también. Y el sábado pasado coincidimos en una escuela del Gran Mendoza donde los trabajadores de la educación fueron convocados por la Dirección General de Escuelas (DGE) para una jornada institucional.

El establecimiento que visitamos está en una comunidad que, en el lenguaje burocrático de la DGE, es calificada como urbano-marginal. Preferimos considerarla como los propios educadores la asumen: una escuela excluida de las políticas públicas e injustamente estigmatizada por buena parte del resto de la sociedad.

Los/as docentes pertenecen a la modalidad de jóvenes y adultos. Muchos de ellos y ellas son los apodados “taxi”, porque hacen gira todos los días por varias escuelas para juntar un sueldo mensual. Pero, esta vez, se pusieron de acuerdo en reunirse en un mismo centro educativo para hacer frente común ante la coyuntura hostil.

La incertidumbre y la desazón los embarga. No sólo les preocupa el ítem aula y el decreto del gobernador que intenta imponerles un salario muy por debajo de sus necesidades, también los angustia la posibilidad de la pérdida de la modalidad en que trabajan.

Los invisibles

Al inicio del ciclo lectivo el gobierno escolar distribuyó entre el sector docente un material que no contemplaba el ámbito de la educación de jóvenes y adultos, ni a sus trabajadores y trabajadoras, ni los diseños curriculares pertinentes. En definitiva, los/as estudiantes de esta modalidad – sujetos de la educación- estaban invisibilizados.

“Se van a llevar puesta la educación de adultos”, se quejó una docente el sábado, mientras discutía con sus compañeras. Comenzaba la jornada y, a medida que se leía el documento elaborado por el nuevo gobierno de la DGE, los docentes reflejaban un dejo de impotencia incesante. Risas nerviosas y de vez en cuando un “no puede ser” completaban las reacciones espontáneas. Pero sí, puede ser, “es, y lo estamos sintiendo”, respondía una docente con más años.

Es así que, ante la deliberada omisión del documento de trabajo sobre su ámbito de acción, se pusieron a trabajar con el material del año anterior, salteando los requisitos formales bajados desde la DGE y desafiando la burocracia educativa que suele conformarse con “un escrito formal para elevar a la superioridad”.

Resistir se conjuga en plural

Mate, tortitas y discusión. Foto: ZEPA

Mate, tortitas y discusión. Foto: ZEPA

Se nota que estos trabajadores y trabajadoras de “la nocturna”, como se les suele llamar, son distintos a los de las salas de profesores y maestras de las escuelas comunes. Tienen impregnada una actitud de resistencia, lo han aprendido de sus vidas y, sobre todo, de sus alumnos y alumnas. “En la resistencia sale lo mejor de cada uno”, nos dice una profe que se siente parte de las comunidades excluidas, en las que estos centros educativos cumplen funciones que van más allá del mero “acto pedagógico dentro de cuatro paredes”, convirtiendo a la educación en un bien preciado y compartido por todos.

Promediando el debate acuerdan dar pelea por la restitución de programas que permitían un acceso igualitario a la cultura, al disfrute del ocio, o a la capacitación en oficios. Mientras tanto, se alza la voz de un docente que advierte que no se puede omitir que tienen compañeros despedidos de CAJ, CAI y CAE (programas nacionales en extinción), pero que más grave todavía es el hecho de la cantidad de personas de la comunidad que se quedaron sin su taller de murga, de radio, de artes aplicadas, de danzas. La profesora tira la piedra y no esconde la mano, insiste en que “no debemos estar dispuestos a resignarnos y asumir que el disfrute es para quien pueda pagarlo”. Los compañeros asienten y bancan la postura de reclamar la restitución de estos espacios en las escuelas para el pleno de la comunidad.

Cuando ya se va acabando el tiempo y el agua del termo, concluyen que la educación de adultos es un espacio de fortalecimiento en derechos y que les resulta inadmisible uno de los conceptos que se desprende del documento de la DGE, aquel que gira en torno a la idea de que un ser humano puede ser libre sólo bajo las reglas de “orden, asistencia, evaluación y disciplina”, propuestas como valores de máxima por el gobierno escolar. En contraste con la palabra oficial, los “resistentes” sostienen que “la verdadera emancipación se consigue día a día, con trabajo digno, educación de calidad y compromiso con la comunidad”.

Nos fuimos de la escuela y del barrio con las ideas un poco más claras y la sospecha fundada que la pelea salarial es sólo una de las instancias en las que el gobierno provincial pone a prueba la entereza de los trabajadores y trabajadoras. Como telón de fondo se cristaliza una idea sobre el sistema educativo que ya transita las vías del ajuste y la exclusión.

Continuará… Seguramente continuará.