La dicha del fletero

Fotografía del sector transportista más postergado. Desde un barrio de Las Heras, Daniel cuenta cómo es salir a pelearla en un 9/11, modelo 72’.

Foto: Coco Yañez

“Traslado miles de cosas a cualquier lado”, así de amplio y necesario es el trabajo que hace Daniel Córdoba en su Mercedes 11/16. En ese rubro se mueven cientos de transportistas anónimos y desperdigados,  oficiando de ruedas de auxilios de las empresas que ofrecen el servicio o por su propia cuenta. Mudanzas, materiales de construcción, servicios mecánicos, comestibles. El espectro es muy grande.

El aporte de esta masa intangible e invisibilizada es imprescindible para el desarrollo de muchas industrias. Se ocupan de trasladar objetos menores o cargas ligeras, que por costos y tiempos, no mueven las grandes firmas.

Al compás de la historia del transporte argentino, este hincha de Huracán Las Heras y Boca, pasó de trabajar en el ferrocarril a conducir un camión. Corría 1990, él tenía 22 años. El oficio lo llevó por distintos ámbitos, empresas y vehículos. En 2003 encontró un respiro y se cortó solo. Se inventó como cuentapropista e inventó su empresa: un colectivo que devino en camión y que hoy sostiene una familia de ocho miembros.

La máquina en la que se mueve tiene casi su edad pero rinde a pleno en la estrecha línea en la que se manejan los pequeños transportistas. El sector demanda un vehículo con mucha capacidad de carga, que pague poca patente, mecánica accesible, económico y resistente. La lógica de los bienes de consumo duraderos.

Daniel valora la tarea en equipo y no se guarda elogios para su compañero “Yo a este camión le agradezco un montón por todo lo que ha andado y por las pocas veces que se rompió” pero aclara “anda así porque lo manejo yo y lo mantengo yo”. Otro requisito fundamental en la economía del fletero: ser chofer full time y mecánico.

El arreglo particular e informal con las empresas, las changas y la necesidad de sobrevivir a fuerza de horas en la ruta hace imposible una organización. “Yo conozco muy pocos fleteros, Daniel (un tocayo), mi hermano y otro muchacho que falleció, pero siempre hay muy buena convivencia”, detalla sin reparar.

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Dos generaciones – Foto: Coco Yañez

“Flojo, muy flojo, nada que ver con otros años”, resume cuando repasa la situación laboral del momento. “Los costos han aumentado mucho y si bien uno va tratando de trasladar el aumento tampoco puede pedir tanto, porque hoy sale muy poco trabajo, está todo parado…” describe el chofer del Mercedes mientras se refriega los dedos gruesos sobre la cara. En su relato hay muchos puntos suspensivos, como gambetas a las redundancias.

La dicha del fletero es poder trabajar. Cuando Daniel Córdoba se refiere a los años que lleva en el camión agradece tener un techo y que sus hijos hayan crecido sin necesidades. “Gracias a Dios tuve mucha ayuda, mucho trabajo y las cosas van saliendo”. ”Se puede” asegura, con la esperanza de seguir parando la olla.

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