Anoche

Por Priscila Jardel Castello

Anoche salí con las chicas, hacía más de un mes que no nos juntábamos y estábamos ansiosas por vernos, tomar algo, salir y compartir.

Había parado de llover, empezaron a llegar a casa, charlamos y nos fuimos a un bar a tomar algo. Nos pusimos al día, escuchamos buena música, nos sacamos fotos, nos reímos, y decidimos ir a bailar. Fuimos a donde siempre, un lugar donde nos sentimos cómodas, donde nadie nos juzga por cómo nos vestimos, ni por nuestro color de piel, de pelo, elección sexual o forma de bailar.

Llegamos, nos encontramos con la gente conocida que también se siente bien en ese lugar y nos pusimos a bailar, felices, felices de estar ahí, de acompañarnos, de saber que estamos… Bailábamos y bailábamos y cada vez nos soltábamos más, ya no nos importaba si alguien miraba, bailábamos en grupo, nos mirábamos, nos inventábamos pasos, la complicidad de nuestras miradas empezaba a notarse en nuestros pasos improvisados.

Bailábamos en círculos, saltando, levantando los brazos, casi imitando las danzas africanas, pero sin saber nada de ellas, sólo nos dejamos llevar. Y de repente nos miré de afuera: minas empoderadas, quitándose todos los complejos, riendo, liberándose, disfrutando de la música, sin miedo a ser juzgadas, sólo bailando, bailando juntas.

Me puse feliz, muy feliz! qué más podía pedirle a la vida? estaba pasando una hermosa noche con mis amigas, esas que están siempre, en las buenas y en las malas. Y de repente, una imagen: una bolsa, la playa, el sol, un viaje… La muerte. Marina y María José, amigas. Amigas que seguramente salieron muchas veces a disfrutar de noches como esa, amigas que además de estudiar, tenían vocación de servicio: asistían a personas en situación de calle, a lxs olvidadxs. Chicas comunes y corrientes, que en vez de quedarse en la comodidad de su hogar, salían a ayudar, cambiaban el mundo…

Marina y María José

Marina y María José, mujeres bien puestas, que decidieron viajar como tantas otras, pero que nunca van a volver, asesinadas, por ser libres, por querer cambiar este sistema, por ser solidarias, por estar vivas y vivir la vida como ellas querían…

Me pregunté qué estarán sintiendo sus amigas, ahora que ellas no están, ya no podrán volver a reír, a divertirse, a bailar, a estar juntas, se las arrancaron. Mejor dicho NOS las arrancaron, como también nos arrancaron a Johana y Soledad, a Gisela; ¿o es que ya nos olvidamos de ellas y de muchas otras que ya no están?

¿Es que no te preguntás qué mierda pasa en este mundo? ¿Es que te parece normal que las mujeres tengamos que cuidarnos más que los varones? ¿Es que te parece correcto pensar que “ellas se lo buscaron”? ¿Si te chorean o te cagan a trompadas en un boliche, también es porque te lo buscaste? ¿Si le dicen cosas por la calle a tu vieja, a tu hermana, es porque son unas putas?

No puedo dejar de pensar, de sentir que no sólo mataron a las chicas, nos mataron a todas, y a todos. Nos quitaron un pedazo de vida, ¿y sólo se te ocurre pensar que nunca debieron haber salido de su casa?

Lloré, lloré sin que mis amigas se dieran cuenta, mientras bailaba disimulaba, no quería cagarles la noche, me fui al baño, me limpié la cara y volví. Salimos del boliche, un pibe se me acercaba, me pedía el teléfono, que le parecía hermosa, y más bla bla. Le dije chabón: “yo soy más que ojos y tetas, tengo un cerebro, un corazón, y me imagino que vos también, confío en que entiendas que no te voy a dar mi número, simplemente porque no quiero… Y eso no te hace menos macho si ahora te das media vuelta y te vas… Te enteraste lo que les pasó a las chicas en Ecuador? Sí, me dijo, un bajón… Bueno, le dije, esto también es violencia, por favor andate…” Se quedó mirándome, y tengo la esperanza que algo entendió…

Nos subimos al auto, las chicas pusieron a Johansen y empezaron a cantar, seguían felices…No pude más, rompí en llanto, Feli, que estaba al lado mío se dio cuenta, me abrazó. ¿Qué pasa Piru, qué pasó?, ¿alguien te hizo algo? Pame paró el auto, Marce bajó la música, todas me miraban, no podían creer que yo, “la que todo lo puede” estuviera llorando, estuviera quebrada, les dije que no quería cagarles las noche, pero que no dejaba de pensar en Marina y María José, que podríamos haber sido nosotras, que podíamos ser la próximas…

No era algo nuevo, saben cómo pienso, creo que debemos conseguir ser iguales en derechos y en oportunidades que los varones. No me malinterpreten chicos, no los odio, ustedes también son víctimas de este sistema patriarcal, sólo que sacaron la mejor parte…

Aunque también son muy golpeados ya que ustedes son los que no pueden llorar, los que son “maricones” si no se cojen a una minita que los esté buscando, por más que nos les guste. Son ustedes los inútiles y “poco hombres” si no mantienen a sus familias…

Pero a las mujeres nos golpean, nos violan, nos asesinan y si nosotras no despertamos, nadie lo hará. Necesitamos que nos acompañen, que se sumen, que traten de ponerse en nuestros cuerpos. Salir a la calle siendo mina no es fácil, te gritan cosas, te tocan en el bondi, en el laburo te acosan, y sigue y sigue. En fin, la bola es eterna…

Seguíamos en el auto, yo lloraba, Feli también, y su silencio también hablaba. Marce nos confesaba que tenía miedo de hacer ese viaje sola que tanto ha planeado. Pame me miraba, sabía todo lo que se me pasaba por la cabeza; con ella viajamos juntas, fue una experiencia hermosa, allí nos hicimos hermanas… Nos hicimos hermanas cuando en ese viaje pasamos momentos difíciles…. Y ahí estábamos sobreviviendo, ella dándome las fuerzas que no tiene, diciéndome “no aflojes, vos no podes aflojar, sos mi sostén”… Todas somos el sostén de la otra.

Juntas nadie podrá golpearnos, nadie podrá violarnos, nadie nos va a asesinar…

María José y Marina: donde estén, las abrazo amigas, no las conocía, pero seguro eran como mis amigas: llenas de vida, de ganas, de amor. Hoy: significan. Y sus femicidios no quedarán impunes… Nosotras, las que quedamos, vamos a seguir cambiando el mundo…

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