Un edificio que desafina

Exámenes suspendidos desde diciembre y el aplazo del inicio de clases para el 30 de abril en la Facultad de Artes, área de Música de la Universidad Nacional de Cuyo, son las consecuencias de las mentiras y abandono del Rectorado respecto a la indefinida conclusión de obras. Las falsas promesas de Pizzi y la anuencia cómplice del Consejo Superior derivaron en amenazas y agresiones del Director de Obras, Gustavo Gallego, contra el consejero estudiantil Nicolás Gombau. Sospechas de irregularidades en la contratación de la Empresa Cicconi, posible nepotismo y un trasfondo de desmantelamiento de Artes y Diseño.

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Con agresiones y escándalo se desarrolló la sesión del 2 de marzo en el Consejo Superior de la UNCuyo, ante la presencia de estudiantes, docentes, consejeros y el rector Daniel Pizzi. Justamente uno de los consejeros, Nicolás Gombau, estudiante de Diseño y representante de la Facultad de Artes, fue increpado e intimidado a punto de tomar la palabra en reclamo por la situación de emergencia edilicia y académica que se vive en la Facultad de Música. El agresor fue Gustavo Gallego, director de Obras del Rectorado, a cargo de la reparación y remodelación del caído Edificio de Música inaugurado en 2010. De allí que el hecho provocado el miércoles pasado no sea otra cosa que el desenlace de una historia de reclamos persistentes y compromisos incumplidos que atraviesan las gestiones de Gómez de Erice, Somoza y actualmente la de Pizzi. Esta realidad se agrava con la clausura, sin horizontes de restauración, de la vieja Escuela de Música de calle Lavalle, definitivamente inhabilitada desde finales de 2015, luego de superar varios pedidos municipales, según explicó Gombau a Zepa.

Gallego desató la agresión luego de que el consejero amplió la denuncia en el Consejo Superior añadiendo nuevos elementos relacionados con “irregularidades en la contratación de obras de la empresa Cicconi”, encargada de los trabajos edilicios. El Director de Obras había prometido que para el 15 de febrero pasado estarían finalizadas las reparaciones del techo repleto de goteras. El aplazamiento de la fecha provocó que la Facultad suspendiera los turnos de exámenes, las consultas y las clases. Estas no comenzarán el 21 de marzo como el resto de las facultades, sino el 30 de abril, según fue comunicado en la misma reunión del Consejo.

“Pasaron dos años sin soluciones, las clases no van a empezar y perdimos el edificio de Lavalle hasta que haya un proyecto serio de restauración”.

El Consejero Superior, integrante de Agruparte, movimiento que preside el Centro de Estudiantes de Artes, explicó que desde 2010 “todo vino mal barajado. La Facultad armó la Comisión, se sorteó el proyecto de la obra y el Rectorado se desentendió del seguimiento de cuestiones no trabajadas por ninguna de las gestiones, como recabar información acerca de cómo fue que se llegó de un edificio premiado a uno que hoy hace agua por todos lados”. Gombau detalló exhaustivamente el estado del edificio, desde Zepa pudimos registrarlo visualmente el jueves por la tarde y el viernes por la mañana, pero nos impidieron tomar fotos de las instalaciones hasta que lo autorizara la directora Gabriela Guembe a partir de este lunes. Pasillos y espacios “cerrados” por una hilera de sillas y un precario papel escrito advirtiendo sobre la “prohibición de pasar por encontrase en refacciones” se explican porque “el techo está lleno de goteras y apenas llueve se moja todo. Después queda la humedad”.

A esto se suman malversaciones del proyecto original: “donde se iban a colocar puertas dobles hay simples, donde iban paredes rellenas de cemento hay paredes huecas, los techos se llueven por todos lados. Entonces, hay ahorro de material y hay alguien que lo autorizó” denunció Gombau.

Con la música a otra parte

Gombau dimensiona la responsabilidad del abandono edilicio y atraso continuo de los plazos de la entrega definitiva de la obra: “En simultáneo, se está construyendo un edificio aledaño, destinado a los instrumentos que hoy están en severo peligro de deteriorarse, mientras que el primero será sólo para aulas y oficinas”. Agregó: “Nosotros pedimos que se afecten las mesas, dadas las especificidades del estudiante de Música, porque no se puede preparar una semana con un libro y precisa disponibilidad de instrumentos. Entonces, como no tenemos garantías, después de una consulta general planteamos la emergencia edilicia y vamos por la emergencia académica a fin de recuperar las mesas cuando estén dadas las condiciones”.

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En 2014, en plena campaña, el ingeniero Pizzi recibió gran apoyo de la cátedra y de los estudiantes de Artes por la “promesa efectivizada” de concluir la etapa original de la obra y los problemas que venían manifestándose en el breve plazo. La situación se agravó con el cierre de la vieja escuela en noviembre, ya que el cursado se daba en ambos espacios, “con lo cual en asamblea dijimos ‘no volvemos, eso es inhabitable, hay pérdidas de gas, los pisos y escaleras se caen’”. Con la voluntad de estudiantes y docentes realizaron el traslado, sin el menor apoyo logístico o económico del Rectorado. En diciembre se perdieron los exámenes, “pero logramos avanzar en un compromiso acerca de que el 15 de febrero se terminaba la obra. Aducían problemas burocráticos como la licitación”. Gombau apuntó que el proyecto es de una especificidad técnica altísima. Es necesario un techo de chapas completo con separación acústica de polietileno. De no ser así, en cualquier intervención se escucharán las trompetas y enfrente los violines. “Pasaron dos años sin soluciones, las clases no van a empezar y perdimos el edificio de Lavalle hasta que haya un proyecto serio de restauración”.

Indigestos

En el digesto de la UNCuyo de diciembre de 2015 puede constatarse cómo se adjudicó la obra con una contratación directa. No mediaron excusas para eludir la licitación privada, como corresponde a cualquier institución pública. La beneficiaria fue la empresa del ingeniero civil Gustavo Juan Cicconi, que prácticamente no cuenta con ningún tipo de soporte o contacto que dé cuenta de sus actividades comerciales, más que un domicilio en Villa Nueva que responde al nombre de “Cicconi Construcciones”. Llama la atención que Cicconi figura con casi la mitad de las adjudicaciones destinadas por la Dirección de Obras a cargo de Gustavo Gallego, todas en contratación directa, y cuyo monto ronda los cinco millones de pesos, en los últimos 14 meses. El hermano de Gallego es el contador Alejandro Gallego, Secretario de Finanzas, y quien maneja los fondos académicos.

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Del lado de Cicconi, sabemos que es el exmarido de María Fernanda Bernabé, actual coordinadora de Gestión Contable y Presupuestaria de la Universidad y “referente” del Programa Universidad Transparente. Bernabé fue acusada de propietaria de una empresa de limpieza involucrada en robos de materiales como consecuencia del escándalo por la venta de materias en Ciencias Políticas. Actualmente está casada con el senador provincial Ernesto Mancinelli, de “Mendoza Merece Más”, frente que desde el interior de “Cambiemos” catapultó al Congreso de la Nación a Graciela Cousinet, de «Libres del Sur”.

En el caso puntual del Edificio de Música, el Rector Pizzi firmó la contratación directa de la obra el 28 de diciembre por $ 1.637.943,13 con la “excepcionalidad”  de que excede en un 60 por ciento el tope establecido para el régimen de ese tipo de contrataciones (cercano al millón de pesos).

Cicconi tercerizó la impermeabilización de la estructura a la Empresa Friolatina. “Eso demanda una planificación técnica que no está ni comenzada”, explicó el consejero. Gallego mintió nuevamente en el Consejo cuando afirmó que ya se había ordenado la compra de chapas (dos veces los estudiantes lo confirmaron por teléfono con la empresa proveedora). “¿Cuál es el acuerdo entonces?”, se preguntan.  “Es un expediente por contratación directa por urgencias y con fondos públicos y no han trabajado ni en enero ni en febrero. Nos toman por estúpidos, se creen que poniendo a tres operarios en el techo como hicieron el 15 de febrero, van a cumplir”.

¿El Consejo es el silencio?

Publicamos un extracto de la carta de Nicolás Gombau al rector Pizzi sobre la sesión del Consejo Superior: “En el momento que nos preparábamos para tomar la palabra, el ingeniero Gustavo Gallego se me acerca y me increpa en voz baja: “Tenés que estudiar más y romper menos los huevos”, a lo que en el mismo tono respondí que trabaje más, para que pueda tener un lugar digno donde estudiar. Al momento siguiente en un acto casi irrisorio (sic) me dice: “¿Creés que mis zapatos son de alguien que no trabaja?”, entonces le propongo que explique si sus zapatos son resultado de la relación o no que el señor Gallego tiene con la Empresa Cicconi (…), a lo que respondió con una amenaza contundente hacia mi persona, diciéndome ‘lo que digas con la boca, lo bancás con los huevos’, situación que finalizó con mi necesidad de verbalizar lo que fue una amenaza que buscaba atentar contra mi intervención libre. Espero que entienda mi exaltación en una situación que sentí peligraba mi seguridad y que era vulnerado, bajo intimidación y mi derecho a expresarme tranquilamente como nos preparábamos a hacer. Tengo que remitir también que ante las observaciones que se habían generado desde la comunidad de la Facultad de Artes y Diseño esperábamos encontrarnos con una cara mucho más transparente y seria de los miembros de su gestión y explicaciones contundentes que disiparan las dudas de nuestros representados, a cambio fuimos violentados gratuitamente y las dudas de los miembros de nuestra comunidad han aumentado significativamente…”

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Por último, contextualizó a Zepa: “El rendimiento negativo mengua el presupuesto, se está agrediendo el derecho a la educación, el acceso a becas. Es admirable la gestión de la Facultad con la directora Gabriela Guembe, están con nosotros, se reorganizó un cronograma, pero ellos también sufren el ninguneo de las autoridades del Rectorado por ser un fuerza política contraria ya que en Artes está la única oposición al radicalismo y por eso se ha sentido el castigo del Rectorado”.

Desde noviembre está hecho el pedido para que se habiliten otros espacios alternativos para el cursado de Música. Solamente la decana de Ciencias Políticas ofreció en la semana las instalaciones de esa Facultad. No es fácil, cuestiones operativas como un traslado que sería “carísimo”, más peculiaridades como el necesario aislamiento acústico para la percusión y el traumático movimiento de treinta pianos, a pesar de “la gimnasia adquirida para que los instrumentos sufran lo menos posible”, hacen dudar de su fiabilidad. Ya “hubo muchas cosas que se perdieron”. Esperemos que esa fuga no continúe.

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