Como chanchos pa´la vendimia

Faltan pocos días para la vendimia, para la fiesta mayor de los mendocinos y -fundamentalmente- para la cosecha de la uva que se convertirá en millones de litros de vino. Cepas, montañas, acequias, álamos y obreros maltratados son parte de un paisaje que parece no cambiar jamás.

Foto: archivo ZEPA

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Es un placer inmenso para turistas y mendocinos recorrer los caminos del vino, conocer las fincas entre Los Andes infinitos, ese paisaje tan cuyano surcado por acequias y coronado por los sauces añosos, que cobijan nuestros malbec, cabernet suavignon, tempranillo, chardonnay y los futuros mostos que llenarán los tetra de a cientos de miles.

Mientras las candidatas vendimiales de los distritos y departamentos ya empiezan a dedicar sus triunfos a los “verdaderos hacedores de la vendimia”, no está de más recordar que las manos que convirtieron el desierto en oasis son las de trabajadoras y obreros que desmontaron los campos agrestes, trazaron los surcos, plantaron las vides y los postes, estiraron los alambres, regaron el suelo, podaron los tallos, despampanaron, ralearon y muy pronto cosecharán las mejores uvas del mundo.

Desde muy temprano, miles de trabajadores arribarán a esos viñedos a bordo de una chata o de un camión. Es una imagen pintoresca: decenas de obreros con sus ropas humildes, cubiertos de pies a cabeza para protegerse del sol, viajando al poniente entre el aire de las viñas, parados en la carrocería de un camión viejito o sentados en las barandas de una Ford o Chevrolet.

Pero nada tiene de idílica la escena: las condiciones indignas en que son transportados, como animales –o peor que ellos-, expone a los empleados a sufrir accidentes que suelen costar vidas o incapacidades permanentes.

Se repiten formas de transportes laborales tan riesgosas como incuestionables. ¿O acaso a algún mendocino le sorprende cómo viajan los obreros? ¿Cuántos se indignan por ello? Si siempre fue así, es normal, está naturalizado, si los vehículos repletos de gente son parte del mismo paisaje.

Hecha la ley, sigue la trampa

Es de sentido común que si está prohibido por la ley de tránsito circular sin cinturón de seguridad en los asientos delanteros y traseros de los autos o sin casco en el caso de las motos, no esté permitido llevar personas en el chasis de cualquier transporte.

Pero como el sentido común suele ser un bien escaso, la Comisión Nacional de Trabajo Agrario sancionó en 2011 la Resolución N° 11. El art. 15 de esa norma es más que claro:

“El empleador deberá proporcionar los medios de transporte necesarios, los cuales deberán reunir los requisitos de seguridad que determinen las normas vigentes. Los trabajadores rurales no podrán ser trasladados en camiones. Los vehículos a utilizarse deberán haber sido construidos con destino al transporte de personas. En caso de ser trasladados en vehículos de carga o en utilitarios, solamente podrán viajar en los lugares diseñados para el traslado de personas. La cantidad máxima de trabajadores que podrán viajar en cada vehículo estará determinada por la cantidad de asientos fijos provistos, sea cual fuere la distancia a recorrer”.

Y como a veces no basta con una resolución, el Congreso de la Nación sancionó a fines de 2011 la Ley de Trabajo Agrario N° 26.727 que reafirma, entre otras importantes cuestiones, la obligación del empleador de brindar transporte digno y prohíbe terminantemente la utilización de camiones u otro transporte inseguro.

Los que miran para el costado

En los controles de los caminos rurales los agentes de la policía vial suelen mirar la banquina cuando pasan las chatas repletas de obreros, bajo el pretexto de no tener instrucciones para proceder. “Esto es competencia de la Dirección de Transporte”, aseguran los oficiales más duchos cuando se los cuestiona.

Transporte de Mendoza ha realizado en los últimos años operativos esporádicos y específicos en zonas rurales del este, el Valle de Uco y el sur. Pero la presencia activa de los inspectores en las calles del campo ha desaparecido últimamente.

Por otro lado, la Subsecretaría de Trabajo de la provincia tiene el poder de policía laboral para sancionar a los infractores. No obstante, esa dependencia parece dormir por la mañana y a la hora de la siesta, cuando cientos de vehículos ilegales e inseguros trasladan a los trabajadores de las casas a las fincas y del trabajo al hogar.

Es nuestra Mendoza, la tierra del sol, del buen vino y de una vendimia que, además de cosecha amarga, es fiesta de todos pero sólo para unos pocos.

 

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