Tolerancia, o no discutás

En este verano de 2016 está de moda invocar la tolerancia. Particularmente en eso se basa la campañita de RTA – Radio y Televisión Argentina. En cuestiones de imagen, el cambio de autoridades se manifiesta suave, sin estridencias, casi con sonrisas, o con una templanza que se me hace un tantito mentirosa.

silencio hospital

Por Fernando Rule

Los intelectuales que han sido invitados a exhortarnos a la tolerancia, hablan de que ha llegado el tiempo del respeto a la diversidad de opiniones, de escucharnos, de no enfrentarnos entre argentinos, de escuchar todas las opiniones, y respetarlas. Este discurso, insinúa que “ahora” es el tiempo de la tolerancia, lo que implica que antes de ahora no lo era. Primera mentira. El accionar de la policía, el nuevo protocolo anti manifestaciones, los despidos a la grasa militante, los denuestos a los activistas defensores de los derechos humanos, los ataques a las villas y sus murgas y el encarcelamiento de Milagros Sala, no nos hablan justamente de tolerancia.
Pero eso es lo que puede ver cualquier televidente más o menos avisado, es lo evidente. Ya lo vivimos en los ’90, cuando el presidente bailaba ante las cámaras, se mostraba con jóvenes cortesanas, mientras se mantenían indignas relaciones carnales con los enemigos del país.
Pero hay un componente más peligroso, más retorcido. Y es la invitación a no debatir, no discutir, no pensar. Porque si bien se nos habla de la tolerancia, en realidad se insinúa, apenas se sugiere, que ya discutir es ser intolerante.
En términos barriales, hemos asistido infinidad de veces a conversaciones en que uno critica al gobierno tal porque, por ejemplo, no se acuerda de los pobres. El otro u otra, le responde algo así como que no hay que alimentar vagos que no quieren trabajar, y que por ese motivo son pobres. Cuando el primero insiste en sus argumentos y, por una hilación más o menos lógica trae el recuerdo de las dictaduras, el segundo corta camino y le reprocha “lo que pasa es que ustedes quieren imponer sus ideas”, o “no todos pueden pensar igual, hay que saber respetar las ideas de los demás”.

Campaña propagandística de la última dictadura.

«El silencio es salud». Campaña propagandística de la última dictadura.

Entonces, ¿Qué significa no respetar las ideas de los demás? O ¿Cuál es la manera de imponer las ideas, sin respeto a la diversidad, sin tolerancia?
La respuesta debería ser simple: el uso de la fuerza, la violencia.
La trampa se me hace que está en confundir, deliberadamente, sostener una idea con “imponerla”. Y está hasta el que habla de fanatismo, dejando caer, como quien no quiere la cosa y con voz de profesor buenísimo, que en “estos años” hubo mucho fanatismo, que desde ahora debemos abandonar “los fanatismos”. Se cuidan de no hablar mucho de Patria, y vuelven a eso de “no imponer” las ideas. Esta última palabrita tiene un componente autoritario, casi violento. Es como si fuera parte de una frase incompleta, que sería “imponer por la fuerza”. Pero si la dijeran completa se develaría el engaño… Y, casi naturalmente, llevaría a dejar en claro que quienes generalmente arguyen esto de la tolerancia de moda, son los mismos que hacen silencio ante la prisión de Milagros Sala. O más aún, hace unos cuarenta años miraban para otro lado murmurando que algo habrán hecho ante el evidente y diario genocidio. Que no nos extrañe encontrarnos hablando de tolerancia a los mismos que en los ’70, en un apoyo explícito a los terroristas que se apropiaron del Estado y entregaron el país a las potencias extranjeras, decían con la misma convicción, que a los subversivos hay que meterles un tiro en la nuca y listo.
De lo que se trata es de una aviesa campaña que nos advierte: discutir, debatir, criticar, está mal. Dentro de poco es probable que nos amenace: discutir es peligroso. O dicho de otro modo: no hacer ni hablar de política. Disciplinarse.

Spot de Radio y Televisión Pública (RTA), 2016.

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